Carta del Presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia a sus socios a raíz del anuncio de Flex
http://www.youtube.com/watch?v=yrDfPHJ28dE Querida socia/socio:
Ha aparecido estos días en televisión
publicidad de un colchón que resulta a primera vista sorprendente y con un
análisis más profundo, desde mi punto de vista, engañosa. Promociónase el
susodicho producto, presentando un parto idílico. Una sola contracción, un
fácil desprendimiento de la cabeza, ni una gota de sangre ni de liquido
amniótico y una sana criatura al mundo lloriqueante e impoluta. La pareja de
felices padres, afronta sola el trance, sin ayuda sanitaria ninguna con el
colchón como único testigo del evento, que se supone estigmatizado y factible,
por producirse sobre tan saludable y talismán lecho. Los señores accionistas y
el director general de Flex pueden saber mucho de colchones pero ignoran lo qué
es un parto ¡Ojala fuera todo así¡ El hecho ha provocado protestas de colegas
en nuestra sede, que han obligado a nuestros servicio jurídicos a intervenir.
Los partos en jergones, sin atención especializada y fuera de centros
especializados en los que se pueda intervenir, ya sabemos lo que conllevan.
Altas tasas de mortalidad materna y perinatal, distocias no diagnosticadas con
partos detenidos y fístulas rectovaginales que hipotecan la vida de la mujer.
Es lo que ocurre en los lugares del mundo en los que la parturienta no tiene
otra alternativa que parir en casa, sin vía a centros capacitados para
asitirla. Es lo que ocurría en nuestro País allá por 1934. Entonces el
Presidente de nuestra Sociedad, el Dr. Vital Aza y Díaz, ante la elevada
mortalidad materna y fetal por los partos en las casas, se dirigió a las
autoridades pidiendo maternidades donde pudieran salvaguardarse las vidas de la
madre y el niño. Ya entonces decía que éstas deberían tener una distribución
comarcal para que pudieran acceder a ellas las embarazadas desde todos los
puntos de España. Es lo que afortunadamente conseguimos y lo que tantas vidas
ha salvado. Animar una aventura de estas características, sin infraestructura
adecuada, y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, creemos es una temeridad
además de una publicidad engañosa en los límites de la legalidad. Contrasta
también esta noticia con sentencias recientes como la de un tribunal de La
Coruña, que condena a un médico por no monitorizar un parto "al omitir las
medidas orientadas a percibir si el feto se encuentra en una situación especial
de riesgo contravino claramente la
lex artis”. Los tribunales ya han
tomado partido y esperemos que el mismo peso de la justicia caiga sobre los
responsables si se produce una muerte de una madre o un hijo sin haber puesto
los medios para evitarlo. Cabe esperar también que, pese al impacto mediático,
el conjunto de embarazadas y sus parejas, la mayoría en su sano juicio, tenga capacidad
de discernimiento y elija una opción más adecuada dentro de unos recintos
hospitalarios, donde puedan atenderla favorablemente, en caso de
complicaciones. El parto en el colchón de casa, de forma rápida y eutócica, sin
necesidad de asistencia, es un desiderátum como lo puede ser llegar hasta los
95 años con salud plena, sin necesidad de médicos, pero la realidad es bien
distinta. El riesgo que comporta tal aventura es desatinado y conviene
explicarlo sin adobes ni afeites, como lo hizo Vital Aza. Es mucho lo que está
en juego. La FIGO y muchas otras organizaciones en todo el mundo claman por
centros especializados para disminuir la mortalidad materna y fetal en el orbe.
La labor es hercúlea porque se producen en países extensos y con pocos medios. No
es nuestro caso actualmente. La última muerte materna por parto en casa,
acaecida en nuestro entorno, a pocos kilómetros de Madrid, no tiene
justificación posible, ni puede soportarse, porque la mujer habría podido
salvarse en cualquiera de muestro hospitales.
Inolvidable Vital Aza, aunque no pude conocerte, hoy tomo la antorcha que
alzaste y en el mismo puesto que ostentaste, escribo esto recordándote.
Con mi afecto recibid un fuerte abrazo.
J. BajoPresidente
de la Sociedad Española
de Ginecología y Obstetricia
Edito
Creo que no hace falta que lo comente, habla por si solo...
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El despertar en la mujer los instintos básicos propios de su género no significa ni dar un salto hacia el pasado ni volver a aceptar el fatal roll de inferioridad, sino el ensalzamiento de la mujer más allá de fáciles mercadeos de sus más profundos sentimientos. 
